Tuesday, November 14, 2006

La calesita

El tipo le había prometido a su sobrina una vuelta en calesita, sin saber que esa sería una promesa más –dentro de miles- por cumplir. Es que la sobrina estaba cansada de que su tío, el tipo, le prometiera todo el tiempo cosas imposibles y lejanas. Como aquella vez, cuando la sobrina tenía 5 años, el tipo le había dicho que si se portaba bien, la llevaría a Disney a conocer a Mickey Mouse. Mentira. Eran puras mentiras. Pero la sobrina, como cualquier niño, le creyó. Su ingenuidad no había conseguido la misericordia del tipo (misericordia tipo, misericordia: ser cordial con las miserias de tu sobrina hijo de puta).
El tipo siguió prometiendo. Su vida era una constante y larga fila de promesas sin cumplir. Hasta llegó a prometerle a su mujer una vida más feliz, mientras llegaba borracho por las noches después de largas traves-ías, y gotas de alcohol desfilando por la ropa. Pobre sobrina, si conociera un poco más al tipo que tiene de tío. Y si el tipo supiera que la sobrina es una pobre niña que confía en él. Pero ninguno de los dos quería conocer al otro. Ninguno de los dos se animaba a inundar un poquito más la duda de saber quiénes eran: el tipo, la sobrina, la sobrina, el tipo.

La calesita parecía ser el único nexo. Una semana antes, el tipo le había prometido a su sobrina disparando una simple y asquerosa frase: “Te prometo que si hoy te portás bien, el domingo que viene te llevo a la calesita”. “Vos no sos mi papá”. “Y vos no sos mi hija, ¿querés calesita si o no?”.
El día tan esperado llegó. La pobre sobrina pensaba por dentro que esta vez se tenía que dar. Le creyó al tipo, su tío, y el tipo llegó hasta creer en sí mismo. Que esta vez se cumpliera una promesa de su parte, era tan asombroso para él, que por momentos no podía distinguir si todo eso era un sueño, o una puta realidad disfrazada de mentiras hacia su sobrina. Pero no. Esta vez todo era real: los dos, caminando de la mano, o abrazados, como mejor se los imaginen, yendo para la calesita. La famosa calesita que rompería con la racha de desengaños y mentiras, frustraciones y escondites de un tipo que vivía de la promesa. Pobre tipo, por momentos alguien lo entiende. Alguien. Juro que alguien. ¿Y si lo hacía de buen tipo nomás? ¿Y si se escapaba de la realidad con estas disparatadas promesas? ¿Y si la compleja realidad no lo comprendía? Pobre tipo. Y todo por su sobrina. Todo por proyectar un futuro lleno de sueños, y alejado de lo malo. Todo lo malo que tocara a su sobrina. Su sobrina…
Llegaron a la calesita. Los alrededores estaban vacíos. De un lado una reja. Del otro el caballo de plástico descansando. Después de escucharse una pregunta del tío de la sobrina, un guardia con bigotes pronunciado respondió: “No señor, los domingos no abre”. La sobrina, cansada, nunca más le creyó. Es el día de hoy que el tipo se sigue prometiendo conseguir una familia, una mujer, o una sobrina para acompañar a alguna prometida calesita.

3 Comments:

At 7:46 AM, Anonymous Anonymous said...

Como a neopólito antes, se me ocurre algo para musicalizar este texto, quizás demasiado explícito: "Un loco en la calesita", de Baglietto o de Fito, no me acuerdo.
m.-

 
At 6:39 PM, Anonymous Anonymous said...

A mi me recuerda a la cancion "falsas promesas" (de no se q grupo cumbianchero de los 90).

"falsas promesas (...) aquí fui yo el peredeoooor".

Pero prefiero unirlo con "húmedo el día", y si... el ser humano es depresivo.

La calesita es depresiva

 
At 8:21 AM, Blogger Gabriel said...

Un orgullo que el texto haya derivado en tan glorioso tema como "Falsas promesas".
Gracias por el comentario, y yo creo que la calesita tiene mucho de promesa también: de sacarte a pasear, pero mintiéndote siempre en un mismo eje.

 

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