Hoy me tomé un bondi hasta el subte
Una buena elección. Contra todo cansancio y ánimos depravados, el colectivo me llevó hacia el subte. Bajé (antes toqué el timbre recordatorio del chofer), y caminé una cuadra; una mísera cuadra que suspendió la ferviente rutina porteña, los pájaros aplastados en la calle, y las gloriosas colillas chupadas que luego servirían de consuelo para muchos mendigos nocturnos.
Los 100 metros hacia el subte no fueron en vano. Mis ánimos estaban de duelo, y la ciudad seguía su curso. “No puede ser”, pensé. “Compartan el duelo conmigo, hijos de puta”…Me di cuenta que a nadie le importaba. A mí tampoco, claro. No debería exigir algo que yo tampoco cumplo, me enseñaron en la escuela. Pero qué poco me importaban las desgracias del mundo: muertes, guerras, cánceres, hambre… ¿y yo? ¿Quién se acuerda de mí? Hagan duelo hijos de puta, hagan duelo. El mundo debería ser más altruista. Todos deberíamos serlo: caminar por la calle, mirar a Pedrito, saber qué lo aflige, y respetarlo. Todos deberíamos saber qué le pasa a Pedrito. ¿Mal de amores? Puede ser, entonces respetémoslo. Si Pedrito camina por la plaza, que las parejitas eviten besarse. Todo por Pedrito, Juancito, Pablito, ito, ito, ito…Así conviviríamos sin tantas desgracias. Caminar no sería una tortura, y la preocupación ajena evitaría caer en el ego reventado de tanto ombligo.
Pero esto es una utopía, lo sé. Igualmente no dejé de pensar esta posibilidad a escala mundial, hasta que realmente me llegue a importar lo que le pasa a Hu Shuan, el chinito que padece la muerte de su canario. Hagamos un minuto de silencio por Hu. Está mal, ¿no lo ven? ¿No lo ves vos, pedazo de insensible, que en ningún momento dejaste de salir a pasear con tu pájaro? ¿Qué pasaría si Hu Shuan ve a un hombre en la plaza con un pájaro en su hombro? Se pondría muy mal, claro que sí. Como Pedrito viendo a una pareja besarse. Tolerancia, convivencia. Son riesgos que uno debería correr por el otro: por Pedrito y sus desamores, Hu Shuan y el canario, y todo ser viviente que se angustie con y sin causas.
Compañía…compañía…una boca cerrada, y una oreja sucia…hoy en esa cuadra me sentí solo. Caminé, miré a mí alrededor, y la gente también caminaba. ¿Sabrá ese pelado todo lo que me pasa? ¿Y yo sabré que ese pelado realmente sufre por su calvicie? Debería saberlo, y acompañarlo con un simple gesto, empezando por no tocarme el pelo en su cara, o aprovechando su presencia para tirar un comentario al estilo: “El otro día leí un estudio científico que decía que los pelados cometen menos pecados”. Y así alegrarlo, acompañarlo.
Ojalá no vuelva a pasar lo de hoy. Supongo que después de haberlo confesado, mañana habrá alguien en Plaza de Mayo esperándome sonriente, sorprendido por mis pasos. Y así frenar la pelota, y poder mirarnos a las caras sabiendo qué es lo que puede aliviarnos. En mí caso un helado…de dulce de leche granizado por favor. Yo sé que mañana alguien me esperará con eso que quita algunas gotitas más de angustia.
Los 100 metros hacia el subte no fueron en vano. Mis ánimos estaban de duelo, y la ciudad seguía su curso. “No puede ser”, pensé. “Compartan el duelo conmigo, hijos de puta”…Me di cuenta que a nadie le importaba. A mí tampoco, claro. No debería exigir algo que yo tampoco cumplo, me enseñaron en la escuela. Pero qué poco me importaban las desgracias del mundo: muertes, guerras, cánceres, hambre… ¿y yo? ¿Quién se acuerda de mí? Hagan duelo hijos de puta, hagan duelo. El mundo debería ser más altruista. Todos deberíamos serlo: caminar por la calle, mirar a Pedrito, saber qué lo aflige, y respetarlo. Todos deberíamos saber qué le pasa a Pedrito. ¿Mal de amores? Puede ser, entonces respetémoslo. Si Pedrito camina por la plaza, que las parejitas eviten besarse. Todo por Pedrito, Juancito, Pablito, ito, ito, ito…Así conviviríamos sin tantas desgracias. Caminar no sería una tortura, y la preocupación ajena evitaría caer en el ego reventado de tanto ombligo.
Pero esto es una utopía, lo sé. Igualmente no dejé de pensar esta posibilidad a escala mundial, hasta que realmente me llegue a importar lo que le pasa a Hu Shuan, el chinito que padece la muerte de su canario. Hagamos un minuto de silencio por Hu. Está mal, ¿no lo ven? ¿No lo ves vos, pedazo de insensible, que en ningún momento dejaste de salir a pasear con tu pájaro? ¿Qué pasaría si Hu Shuan ve a un hombre en la plaza con un pájaro en su hombro? Se pondría muy mal, claro que sí. Como Pedrito viendo a una pareja besarse. Tolerancia, convivencia. Son riesgos que uno debería correr por el otro: por Pedrito y sus desamores, Hu Shuan y el canario, y todo ser viviente que se angustie con y sin causas.
Compañía…compañía…una boca cerrada, y una oreja sucia…hoy en esa cuadra me sentí solo. Caminé, miré a mí alrededor, y la gente también caminaba. ¿Sabrá ese pelado todo lo que me pasa? ¿Y yo sabré que ese pelado realmente sufre por su calvicie? Debería saberlo, y acompañarlo con un simple gesto, empezando por no tocarme el pelo en su cara, o aprovechando su presencia para tirar un comentario al estilo: “El otro día leí un estudio científico que decía que los pelados cometen menos pecados”. Y así alegrarlo, acompañarlo.
Ojalá no vuelva a pasar lo de hoy. Supongo que después de haberlo confesado, mañana habrá alguien en Plaza de Mayo esperándome sonriente, sorprendido por mis pasos. Y así frenar la pelota, y poder mirarnos a las caras sabiendo qué es lo que puede aliviarnos. En mí caso un helado…de dulce de leche granizado por favor. Yo sé que mañana alguien me esperará con eso que quita algunas gotitas más de angustia.
(dedicado a la gente en busca de buenas noticias)

2 Comments:
gracias gachu
tu sensibilidad tan sincera y ocurrente que inevitablemente va unida al humor (quizás por eso a veces se rían)
muy lindo
gracias :)
lo único, no te puedo ir a esperar hoy, será otro día
Post a Comment
<< Home