...danos hoy nuestro pan de cada día
La hamburguesa está estresada. Es tanto su caminar que ya no transpira: optó por chorrear grasa y desmenuzarse en gusanos mezclados con las peores partes de la vaca. Una vaca sagrada, como era reconocida en la antigüedad. Con la diferencia de que hoy están todas locas: vacas locas. Están podridas del ser humano, ese ser indigno que las cría, las engorda, y las caga a palos para comérselas. (Ya llegará el día de la revolución vacana en la cual todas las vacas se alistarán para tratar al hombre como ganado, y maltratarlo hasta poder abrirle su panza para recuperar a sus antiguos amigos. Las vacas nos abrirán el cuerpo como sapos reventados, y nuestro estómago vomitará inconscientemente las antiguas especies comidas. Es la revolución vacana, nada más, nada menos).
Pero no todo parece ser estrés en el mundo alimenticio. Frente a tanta velocidad fase-foodiana, las verduras aparecen como símbolos del relaje y de una vida sana: ¿Qué mejor que una ensalada de lechuga y tomate? Pero no quiero ser tan optimista en este ámbito. Lo cierto es que ya no comemos más lechuga: comemos plantas fabricadas, instaladas por la especie humana con un único y destinado fin: que se reproduzcan pronto, rápido; y cuánto más grandes mejor. El Hombre está agilizando la reproducción vegetal. Pero, ¿si una planta no quiere germinar? ¿Acaso alguien obliga al Hombre a reproducirse involuntariamente? ¡Qué crueldad! Las pobres plantas también se vengarán: Formarán una alianza con la revolución vacana y someterán nuestros cuellos a sus tallos. Serán gigantes…plantas de lechugas gigantes, del tamaño de un alto edificio. Y las plantas se reirán: “me quisiste hacer grande, pues grande soy”, repetirán por las calles urbanas, y la gente correrá esquivando estas especies, pero con una dificultad poco prevista: los tomates también se acrecentarán, y sus giros por las calles destruirán todo levantamiento fabricado, y con vida.
Venganza, temor. La revolución vacana es líder, y una vez terminada la destrucción por parte de los vegetales, las vacas disfrutarán los manjares más preciados en una cena formidable: lechugas gigantes, tomates apelotonados. Todo para ellas, para las vacas, las líderes de esta revolución, que no aceptan alianzas porque están cansadas de tanta traición. El hombre las ignoró, las maltrató, las utilizó como ratas de laboratorio, y ahora ellas hacen su parte, y por eso esclavizarán a toda especie vegetal. El ser humano ha sido su mejor maestro, ¡ahora que muera!
Y en esto de la revolución vacana, el reino animal y vegetal unido nos vencerá en un corto plazo, pero antes sufriremos las peores condiciones de esclavización. Todas las especies militarán sin alguna duda previa, con la excepción de dos: el cerdo, por capitalista; y la gallina, por puta. Ninguno de los dos quiere alistarse: la revolución les causa rechazo, y el cerdo ya buscó todas las formas propias para actuar como esclavo del hombre, pero, a costas de la explotación animal, tratará de conquistar el mundo para acoplarlo a una concepción materialista y divisoria de la vida. El cerdo no piensa en nadie, no como la gallina que no revoluciona por puta. Es puta, cagona. Nunca se atrevió a ceder el más mínimo paso. Es mediocre. Ella está como está, y si puede estar mejor, no le interesa.
Así comeremos todo el día huevos y sus derivaciones: postres (sin leche ni manteca); huevo frito; huevo a la almendra; huevo con huevo; huevo…y más huevo…Por parte del cerdo viviremos a jamón crudo, costillitas de cerdo: grasa y mucha grasa de chancho. Nuestras venas se obstruirán de tantos lípidos, y explotaremos como un globo con exceso de aire. La alta presión, y la presión de la mirada del cerdo sobre nuestra cien…ellos lo han logrado: no haberse sumado a la revolución vacana fue su mayor conquista: nos alimentarán con su grasa y moriremos; y así, sin escrúpulos, los cerdos gobernaran por millares de años, retroalimentando su egoísmo, y ejerciendo demagogia desde su chiquero.
Pero no todo parece ser estrés en el mundo alimenticio. Frente a tanta velocidad fase-foodiana, las verduras aparecen como símbolos del relaje y de una vida sana: ¿Qué mejor que una ensalada de lechuga y tomate? Pero no quiero ser tan optimista en este ámbito. Lo cierto es que ya no comemos más lechuga: comemos plantas fabricadas, instaladas por la especie humana con un único y destinado fin: que se reproduzcan pronto, rápido; y cuánto más grandes mejor. El Hombre está agilizando la reproducción vegetal. Pero, ¿si una planta no quiere germinar? ¿Acaso alguien obliga al Hombre a reproducirse involuntariamente? ¡Qué crueldad! Las pobres plantas también se vengarán: Formarán una alianza con la revolución vacana y someterán nuestros cuellos a sus tallos. Serán gigantes…plantas de lechugas gigantes, del tamaño de un alto edificio. Y las plantas se reirán: “me quisiste hacer grande, pues grande soy”, repetirán por las calles urbanas, y la gente correrá esquivando estas especies, pero con una dificultad poco prevista: los tomates también se acrecentarán, y sus giros por las calles destruirán todo levantamiento fabricado, y con vida.
Venganza, temor. La revolución vacana es líder, y una vez terminada la destrucción por parte de los vegetales, las vacas disfrutarán los manjares más preciados en una cena formidable: lechugas gigantes, tomates apelotonados. Todo para ellas, para las vacas, las líderes de esta revolución, que no aceptan alianzas porque están cansadas de tanta traición. El hombre las ignoró, las maltrató, las utilizó como ratas de laboratorio, y ahora ellas hacen su parte, y por eso esclavizarán a toda especie vegetal. El ser humano ha sido su mejor maestro, ¡ahora que muera!
Y en esto de la revolución vacana, el reino animal y vegetal unido nos vencerá en un corto plazo, pero antes sufriremos las peores condiciones de esclavización. Todas las especies militarán sin alguna duda previa, con la excepción de dos: el cerdo, por capitalista; y la gallina, por puta. Ninguno de los dos quiere alistarse: la revolución les causa rechazo, y el cerdo ya buscó todas las formas propias para actuar como esclavo del hombre, pero, a costas de la explotación animal, tratará de conquistar el mundo para acoplarlo a una concepción materialista y divisoria de la vida. El cerdo no piensa en nadie, no como la gallina que no revoluciona por puta. Es puta, cagona. Nunca se atrevió a ceder el más mínimo paso. Es mediocre. Ella está como está, y si puede estar mejor, no le interesa.
Así comeremos todo el día huevos y sus derivaciones: postres (sin leche ni manteca); huevo frito; huevo a la almendra; huevo con huevo; huevo…y más huevo…Por parte del cerdo viviremos a jamón crudo, costillitas de cerdo: grasa y mucha grasa de chancho. Nuestras venas se obstruirán de tantos lípidos, y explotaremos como un globo con exceso de aire. La alta presión, y la presión de la mirada del cerdo sobre nuestra cien…ellos lo han logrado: no haberse sumado a la revolución vacana fue su mayor conquista: nos alimentarán con su grasa y moriremos; y así, sin escrúpulos, los cerdos gobernaran por millares de años, retroalimentando su egoísmo, y ejerciendo demagogia desde su chiquero.
(...dedicado a toda la gente que rompe códigos)

4 Comments:
muuuuuy bueno gachhhh
espero que por lo menos no te maten las vacas
nos vemos en el finde
JAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA buenísimo gachu
"someterán nuestros cuellos a sus tallos"
"el cerdo, por capitalista; y la gallina, por puta"
jjajajajaj, muy bueno
rebelión en la granja
la infame traidora de la patria
jaja bien gabito!!
te quiero moito
jajaja buenísimo man! lechugas gigantes y cerdos bestiales, fatal!
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