lluvioso el mocoso
Me olvidé el paraguas, como siempre. Ya es costumbre mojarme en estos días de lluvia, como hoy: gris, oscuro, y el cielo anunciando que yo, solamente yo, no iba a llegar seco a casa. Qué mariconas las nubes, pensé. No paran de llorar. Y que no sea una analogía trillada, creo que están mal en serio, ¿no?: que se borran y sale el sol; que aparecen (violentas) y escupen bolas de hielo susceptibles de matar a cualquier ciudadano; que vuelven a desaparecer…sale el sol…resurgen (grises), y simplemente se largan a llorar. Están mal, lo sé. No me lo contaron.
Y un día con lluvia no es tan complicado como la falta de ese paraguas que me proteja. Esta vez me falló, pero esa traición me hizo pensar. Iba caminando. Primer charco, primera zapatilla mojada. Segundo, lo pude esquivar. Tercero no es el vencido, segunda zapatilla mojada. Y así empecé a enojarme con la naturaleza (llegué a insultarla y a ofenderme con ella…medio boludo, me dije después). Pero todo esto me hizo pensar… ¿Ella también estará saltando algún charco, o ese techo bondadoso la estará cuidando? Ojalá que no se resfríe, a ver si se enferma. Aunque pensándolo bien, esos estornudos le dejarían la nariz totalmente colorada, como la de un payaso. Y eso podría ser gracioso (por lo menos).
Así seguí caminando, entre saltos, escondites, y el sueño que me perseguía… (anoche no dormí muy bien: lo único que había pedido era descansar un poco, y mientras dormía volvió a aparecer. No me deja. Intento, a veces quiero, y no sé qué misterio de repetición vuelve a suceder, y así van… en fin. Ya van tantos que no entiendo, y tampoco busqué entenderlo en algún momento, porque nunca fue un encuentro que no haya querido. Esta vez sé que inútilmente lo pedí, como todo. Pido, y ¿después? Que inconstancia tiene esta cosa, me molesta, pero me gusta así). Y por eso seguí caminando.
Finalmente me cansé, como siempre. Tomé el subte, estación Catedral, y empecé a viajar rumbo a casa. El tipo de al lado me miró con cara de culo porque me había sentado todo mojado. Estaba tan seco él, que me hizo pensar nuevamente en los charcos: ¿ella también estará saltando alguno, o ese techo bondadoso la estará cuidando? Ojalá que no se resfríe, pensé. Y empecé a cuidarla.
Y un día con lluvia no es tan complicado como la falta de ese paraguas que me proteja. Esta vez me falló, pero esa traición me hizo pensar. Iba caminando. Primer charco, primera zapatilla mojada. Segundo, lo pude esquivar. Tercero no es el vencido, segunda zapatilla mojada. Y así empecé a enojarme con la naturaleza (llegué a insultarla y a ofenderme con ella…medio boludo, me dije después). Pero todo esto me hizo pensar… ¿Ella también estará saltando algún charco, o ese techo bondadoso la estará cuidando? Ojalá que no se resfríe, a ver si se enferma. Aunque pensándolo bien, esos estornudos le dejarían la nariz totalmente colorada, como la de un payaso. Y eso podría ser gracioso (por lo menos).
Así seguí caminando, entre saltos, escondites, y el sueño que me perseguía… (anoche no dormí muy bien: lo único que había pedido era descansar un poco, y mientras dormía volvió a aparecer. No me deja. Intento, a veces quiero, y no sé qué misterio de repetición vuelve a suceder, y así van… en fin. Ya van tantos que no entiendo, y tampoco busqué entenderlo en algún momento, porque nunca fue un encuentro que no haya querido. Esta vez sé que inútilmente lo pedí, como todo. Pido, y ¿después? Que inconstancia tiene esta cosa, me molesta, pero me gusta así). Y por eso seguí caminando.
Finalmente me cansé, como siempre. Tomé el subte, estación Catedral, y empecé a viajar rumbo a casa. El tipo de al lado me miró con cara de culo porque me había sentado todo mojado. Estaba tan seco él, que me hizo pensar nuevamente en los charcos: ¿ella también estará saltando alguno, o ese techo bondadoso la estará cuidando? Ojalá que no se resfríe, pensé. Y empecé a cuidarla.

1 Comments:
está bueno olvidarse el paraguas de vez en cuando.
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