Monday, July 03, 2006

Te escribo, diario

Querido diario:

Tenía ganas de contarte que me caes mal. Ya es la tercera vez que pasa lo que pasó, y podemos decir que el famoso dicho que habla de “la vencida”, es una mentira. Sabés que vengo confiando en vos hace unos cuatro o cinco años (ya perdí la cuenta). ¿Te acordás de esa vez que te conté lo de…que no sé qué y de no se qué… y eso? Por lo menos mantengamos el secreto por un tiempo más. Yo mismo había escrito en tu cuerpo que lo importante entre las personas no es la fidelidad, sino el poder mirarse bien a los ojos. ¿Te acordás la vergüenza que pasé esa tarde? Y vos no entendés nada, querido diario. Te creés fuerte por recopilar los momentos más abatidos de la vida, y la felicidad te ignora, siempre. Porque le caes mal. A la felicidad le caes mal, querido diario.
Intenté por todas los medios convencerla, pero ella me hablo mejor que vos. Ahora a mi también me caes mal. No creo que sea tu culpa. Creo que soy fácil de convencer, es eso. Vos dormiste tanto tiempo diario, que ya no te das cuenta qué mundo pertenece al sueño y qué otro a la vigilia. ¿Te acordás cuando me contaste que te habías encontrado con esa no sé quién… de no sé qué lugar…? Yo te asentí con la cabeza para no desilusionarte, pero era un sueño, diario, era un sueño, ¿no entendés todavía que esas cosas no pasan? Y esa vez que soñaste que te quedabas solo sin poder dejar de llorar, ¿te acordás? Eso pasó en serio, diario. Yo lo ví, pero me escondí. No me gustaba la idea de que me vieras asustado viéndote vivir tanto dolor. A ver si me encontrabas y me matabas. Me contaron que estás medio loco. Igual no sé si creerles. Es porque te conozco tanto que a veces dudo, querido diario.
El otro día me acordé que una vez, no hace mucho tiempo, te había escrito: “Hoy comí una milanesa que me cayó mal. Después me tomaron un parcial que me fue mal. Cuando me tomé el 152 el chofer dijo que andaba mal, y todos nos bajamos (malhumorados). Después no encontré a ella en todo el día y me puse mal, muy mal”. Nunca me voy a olvidar el título de aquella página, lo había pensado durante 25 minutos (contados por reloj). Lo titulé “mal”. Me pareció lo más original.
Lo cierto es que la anécdota viene al caso porque desde ese día nos empezamos a llevar mal. Me caes muy mal, diario. Y lo que más mal me pone es que vos no lo sepas. Yo sé quién sos vos. Sos el rincón más arrinconado de todos los rincones que existen en el rincón del universo. Y pensándolo bien, en algo te pareces a esa infinidad de cosmos. Un espacio oscuro, gigante, desconocido (y popular a la vez), descomunal, insoportable, inalcanzable, y relativamente falso. Yo sé quién sos, y me caes mal.
No me quiero despedir sin antes recordarte que vos nunca hubieras existido sino por expresión de la angustia, diario. Eso te lo dije muchas veces, y es algo que sabemos los dos. Debe ser por eso que me caes tan mal. Te conozco tanto, que la felicidad me ofreció una mejor oferta, diario. Espero poder pagarla.

3 Comments:

At 7:53 PM, Blogger lara said...

Gabito ya te dije que la angustia aflora en tu espacio, pero tu diario sabe que la misma embellece más sus palabras que lo que lo haría la felicidad. Dejemos a la última para reír y no para escribir.

 
At 8:04 PM, Anonymous Anonymous said...

por que la angustia siempre fue a parar al diario ?
sonriamosle a el y a la vida, nocon felicidad porque no es constante, sino con risas y sonrisas ( sentidas )..
:)

 
At 10:44 AM, Anonymous Anonymous said...

lo titule "mal" jajaj, muy bueno che

 

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