El gran diario argentino
Anoche quedaron un par de sobras de la cena. Mamá siempre las guarda en la heladera para que yo pueda comer algo en la madrugada. Sí, siempre me levanto a las 5 de la mañana para atacar la heladera. Desde los 15 años hago eso, y desde ese entonces no hubo un solo día que no repitiera este acto mecánico de levantarme, lavarme la cara, dirigirme hacia la cocina, y comer.
Después siempre espero el diario. Llega tipo 6 de la mañana. Me encanta escuchar el ruido del papel golpeando la puerta. Son las noticias que se chocan, imagino. Y así lo leo. Medio despierto, medio dormido, leo y releo cada una de las noticias que el día me ofrece: que las subas salariales, que los actos solidarios, que la ayuda humanitaria en Medio Oriente, que la cumplida democracia. Me encantan, me encantan las buenas noticias. Las malas no las leo, me ponen triste. Todavía recuerdo el primer día que escribí una crónica sobre un robo en una juguetería. ¡Qué feo momento! No me gustó…de repente me encontré haciendo algo que a mi no me gustaba leer, ¿cómo es posible? Y todavía me acuerdo las correcciones de la profesora: faltan fuentes…en vez de esto yo pondría esto… ¿no había una mejor voz policial? No la verdad que no había. Estaba ese tipo, y yo que no podía dejar de mirar a la mina del negocio que lloraba desesperada. “Me robaron todo, todo el laburo de un año”, repetía la pobre mujer. Y los fotógrafos que se acuchillaban por conseguir la mejor foto, los cronistas que le preguntaban: “¿Y cómo se siente después de este hecho?”…
(El día me va llevando en la sucesión del tiempo. Las horas siempre pasan, pero hay segundos más largos que otros, ¿por qué pasa eso? Los momentos lindos pasan rápido, y parece que los momentos feos son los que nunca piensan retirarse. Es como sí disfrutaran de la materia corporal y de sentirse protegidos por una tonta mente. Y en esa sucesión del tiempo ni siquiera pienso en dejar huellas… lo único que busco es borrarlas, dejarlas atrás, y que nadie más se digne a verlas).
Al llegar al subte siempre me espera el otro diario, el que entregan en los vagones, creo que se llama “La razón”, como la razón de mi vida de Evita, pero con menos contenido. Son las 6 de la tarde, y las noticias de las mañanas ya quedaron viejas… no hay nada más histórico que el diario de ayer…El resumen noticioso que voy leyendo me entristece. Esta vez no encontré noticias buenas. Encima yo siempre pensé que lo que un diario no incluye directamente no pasa. No hay nada que a un diario se le escape…por eso empecé a creer que ese día no había pasado nada. Solo noticias feas y tristes.
Después de bajarme en la estación J. Hernández, pude ver a un pibito parado en la escalera mecánica pidiendo los diarios. Algunos obligados, otros con temor, otros con indiferencia, otros con asco… esos son los que miran al pibito de los diarios. También están los que se los dan, y así el pibito agradecido los va juntando, uno por uno. En una mano los tiene, y en la otra sostiene a su hermanita… Después de colectar los 300 ejemplares que necesita para llegar a los cinco pesos, el pibito se va, los canjea, y le compra la leche a la pibita…Entonces pensé que esas noticias feas se habían reciclado una vez más. No hay nada nuevo, lo sé, pero, ¿qué noticias saldrán mañana? ¿Habrá alguna buena? Seguro que no, pero al pibito le va a servir igual, total él se encarga de reciclarlas (menos mal).
Después siempre espero el diario. Llega tipo 6 de la mañana. Me encanta escuchar el ruido del papel golpeando la puerta. Son las noticias que se chocan, imagino. Y así lo leo. Medio despierto, medio dormido, leo y releo cada una de las noticias que el día me ofrece: que las subas salariales, que los actos solidarios, que la ayuda humanitaria en Medio Oriente, que la cumplida democracia. Me encantan, me encantan las buenas noticias. Las malas no las leo, me ponen triste. Todavía recuerdo el primer día que escribí una crónica sobre un robo en una juguetería. ¡Qué feo momento! No me gustó…de repente me encontré haciendo algo que a mi no me gustaba leer, ¿cómo es posible? Y todavía me acuerdo las correcciones de la profesora: faltan fuentes…en vez de esto yo pondría esto… ¿no había una mejor voz policial? No la verdad que no había. Estaba ese tipo, y yo que no podía dejar de mirar a la mina del negocio que lloraba desesperada. “Me robaron todo, todo el laburo de un año”, repetía la pobre mujer. Y los fotógrafos que se acuchillaban por conseguir la mejor foto, los cronistas que le preguntaban: “¿Y cómo se siente después de este hecho?”…
(El día me va llevando en la sucesión del tiempo. Las horas siempre pasan, pero hay segundos más largos que otros, ¿por qué pasa eso? Los momentos lindos pasan rápido, y parece que los momentos feos son los que nunca piensan retirarse. Es como sí disfrutaran de la materia corporal y de sentirse protegidos por una tonta mente. Y en esa sucesión del tiempo ni siquiera pienso en dejar huellas… lo único que busco es borrarlas, dejarlas atrás, y que nadie más se digne a verlas).
Al llegar al subte siempre me espera el otro diario, el que entregan en los vagones, creo que se llama “La razón”, como la razón de mi vida de Evita, pero con menos contenido. Son las 6 de la tarde, y las noticias de las mañanas ya quedaron viejas… no hay nada más histórico que el diario de ayer…El resumen noticioso que voy leyendo me entristece. Esta vez no encontré noticias buenas. Encima yo siempre pensé que lo que un diario no incluye directamente no pasa. No hay nada que a un diario se le escape…por eso empecé a creer que ese día no había pasado nada. Solo noticias feas y tristes.
Después de bajarme en la estación J. Hernández, pude ver a un pibito parado en la escalera mecánica pidiendo los diarios. Algunos obligados, otros con temor, otros con indiferencia, otros con asco… esos son los que miran al pibito de los diarios. También están los que se los dan, y así el pibito agradecido los va juntando, uno por uno. En una mano los tiene, y en la otra sostiene a su hermanita… Después de colectar los 300 ejemplares que necesita para llegar a los cinco pesos, el pibito se va, los canjea, y le compra la leche a la pibita…Entonces pensé que esas noticias feas se habían reciclado una vez más. No hay nada nuevo, lo sé, pero, ¿qué noticias saldrán mañana? ¿Habrá alguna buena? Seguro que no, pero al pibito le va a servir igual, total él se encarga de reciclarlas (menos mal).

2 Comments:
ja, me encantó el paréntesis ese descubicado o no tanto.
"“La razón”, como la razón de mi vida de Evita, pero con menos contenido". jajajajjaja (o con más, ojo eh)
no te entritezcas gachu, con la mala noticia siempre viene la buena, por más que no esté impresa en un diario
bueno me gustó así muy espontáneo
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