Monday, March 05, 2007

Estás con sorcio

Último momento: Saquearon edificio en el barrio de Boedo. Fuentes policiales afirman haber encontrado tres tarjetas de playland tiradas en el piso. “Parece que alguien olvidó cerrar la puerta con llave y después un ladrón la falseo.”, declaró Martín Ramides, presidente del consorcio. “Qué pelotudo, ¿no?”, agregó.

El viejo del quinto culpa al del octavo. Dos viejitos cascarrabias, diría mi abuela Josefa de haber estado en aquél momento. La flaca del décimo afirma que lo vio: el pendeviejo del cuarto piso salió a correr con sus chicas y olvidó cerrar la puerta. “Olvidó un carajo”, agregó la flaca. “El viejo asqueroso siempre hace lo mismo, ¿no ven?”.
El ascensor sigue ingobernable. Uno sube y lo interrogan. Nos miramos con desconfianza, sí, con un cierto destierro vecinal propio de una serie televisiva. El ascensor se convirtió en una especie de banquillo de acusados con botones que indican el destino de culpabilidad: si aprieto el noveno soy el pendejo hijo de puta que pone la música al palo. Si aprieto el cuarto soy la pendeja que no puede callar sus gemidos. Y si aprieto el séptimo soy el que lanza humaredas de victoria y placer…

La junta vecinal decidió juntarse, valga la maldita redundancia. La reunión es digna de ser filmada. Si vieran a las viejas…si vieran a los viejos…si vieran a los niños…y porqué no a los adolescentes risueños y rebeldes: “¿Para qué estamos acá si nosotros no tenemos nada que ver?”, pregunta uno, mientras su amiguito le responde al oído que tiene razón, que lo comprende, que a esa edad no deberían estar haciendo otra cosa mas que tocarse. Pero el conserje del edificio lo pidió a través de un humilde aviso pegado en el ascensor: “Como motivo del famoso saqueo sufrido en el día de ayer, todos los propietarios e inquilinos deben presentarse hoy a las 19:30hs en el hall del edificio”.
Asistimos todos. Reunión aburrida por cierto. No opiné. Nunca opino. Me molesta opinar. Me molesta que me escuchen. No tengo nada que decir. En este edificio yo solo como y duermo (el baño está tan sucio que prefiero usar el de mi trabajo). Nadie me conoce. Nadie me ubica. Asistí a la reunión para ver quién tenía la desgracia de convivir conmigo, pero ni siquiera eso me importó. Me levanté, nadie notó mi movimiento (claro está), y sin despedirme empecé a caminar. Abrí la puerta, miré a mi izquierda, y una vez más, como en todas mis tristes noches, encaré hacia el bar de la esquina.

3 Comments:

At 5:06 AM, Anonymous Anonymous said...

Un pequeño Poe.
buen relato!

 
At 8:25 PM, Anonymous Anonymous said...

Excelente gabito, hace años luz no pasaba !
Nos vemos por los pasillos, beso !

 
At 4:41 PM, Blogger Hélène said...

Situación real:

Ayer, luego de un día de lluvias y demoras idiotas llego a mi casa, o bien a la puerta "vidriera" que antecede al palier frío, y no puedo entrar... Descripción de lo que veo:
Las mellicitas platinadas, versión postmoderna de Paty y Selma (nótese que tendrán alrededor de 70 años, cara de brujas de película, campera de cuero, pollera a la rodilla y mucho mal humor), tocando desesperadamente el portero eléctrico intentando descubrir dónde era la reunión de consorcio.
Vecina joven (bah, cuarentona pero en comparación...) sentada en banquito plástico traído por ella según creo, con expresión ofuscada.
Protestas, muchas, subo, finalmente a mi departamento. La reunión nunca fue anunciada, ergo, no existía. ¿Cómo sucedió esto?
Quiero vivir en un PH.

 

Post a Comment

<< Home