Un día
El despertador anuncia la hora en que lo programé. Su velada me engrandece: es que no solo yo cuido de mí. Por momentos empiezo a sospechar una especie de persecución truman showiana gran hermaniana y entonces, rápido como un caracol en celo, me acobijo en el mundo. Luego pienso: Si la tierra es capaz de soportar tantos elefantes en trote mezclados con rinocerontes de no menos de 800 kilos, ¿cómo no me va a poder soportar a mí? Especie sensible y radiante, humanos pensantes y escalados…tierra oh tierra, no nos tragues nunca, esa frase es una mentira. La decimos, sí, cuando estamos en alguna situación embarazosa, un poquito sonrojados, pero dejá que nos relajemos por un tiempo más en tu superficie.
Y cuando logre acostarme tranquilo en alguna baldosa (vivo en la ciudad), alguna hormiga viajera se subirá por mis pantalones, me charlará de política, de sus reinados y ducados, y me levantará lentamente con sus fuerzas. No es de extrañar que tal especie sobreviva a algunos cataclismos. Ya lo dijo Darwin: el pie humano es de papel, y el papel es lo único que mata a la hormiga.
Pero ella no lo sabe, solo se preocupa por levantarme de la baldosa. Una vez que lo logre, empezaré a caminar por alguna avenida. Llenaré mis pulmones con humo tóxico, esquivaré viejos en bastones, recibiré descuentos de albergues transitorios, miraré vidrieras, me aislaré un poco de todos, mentalmente, pero me aislaré. Jugaré al tutti fruti, reiré en medio de algunos, pensaré, y sacaré alguna conclusión cursi como que mi despertador marca siempre el comienzo de una nueva aventura. Algún día, tal vez hoy, al pisar la próxima baldosa me cambie la vida. Es que uno nunca sabe: esa hormiga, subiendo por mis pantalones, puede que sea un encuentro casual. Un hola, un chau, una mirada, un pequeño dato telefónico…son todos inicios de una historia inesperada… o esperada desde el nacimiento, claro… ¿quién sabe?
Y cuando logre acostarme tranquilo en alguna baldosa (vivo en la ciudad), alguna hormiga viajera se subirá por mis pantalones, me charlará de política, de sus reinados y ducados, y me levantará lentamente con sus fuerzas. No es de extrañar que tal especie sobreviva a algunos cataclismos. Ya lo dijo Darwin: el pie humano es de papel, y el papel es lo único que mata a la hormiga.
Pero ella no lo sabe, solo se preocupa por levantarme de la baldosa. Una vez que lo logre, empezaré a caminar por alguna avenida. Llenaré mis pulmones con humo tóxico, esquivaré viejos en bastones, recibiré descuentos de albergues transitorios, miraré vidrieras, me aislaré un poco de todos, mentalmente, pero me aislaré. Jugaré al tutti fruti, reiré en medio de algunos, pensaré, y sacaré alguna conclusión cursi como que mi despertador marca siempre el comienzo de una nueva aventura. Algún día, tal vez hoy, al pisar la próxima baldosa me cambie la vida. Es que uno nunca sabe: esa hormiga, subiendo por mis pantalones, puede que sea un encuentro casual. Un hola, un chau, una mirada, un pequeño dato telefónico…son todos inicios de una historia inesperada… o esperada desde el nacimiento, claro… ¿quién sabe?

2 Comments:
"rápido como un caracol en celo, me acobijo en el mundo"
¿Cómo se da cuenta uno que un caracol está en celo? ¿Lo explicarán los palitos de la selva?
extraño
a
gabito
cronico
que ya es
anacrónico
y lejos está
de ser
sincrónico
con la
contemporaneidad
policrómica
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